Cerramos nuestra pastelería después de 5 años y tuvimos que empezar de 0.
Antes de venir a Madrid, teníamos nuestro propio negocio en Barquisimeto, Venezuela. Se llamaba Bixcocho, y fue nuestro primer sueño hecho realidad.
Pero después de 5 años con este proyecto, entendimos que, si queríamos vivir tranquilos y construir un futuro mejor, teníamos que irnos de allí y tomar una decisión que pocos se atreven a tomar: cerrarlo todo.
Vendimos las máquinas, apagamos el horno y con un par de maletas nos vinimos a Madrid.
Al llegar aquí no teníamos local, ni clientes, ni contactos. Solo nuestras recetas, nuestro ahorros y las ganas de volver a empezar.
Los primeros meses horneábamos desde una cocina pequeñita dentro de una "dark kitchen" y vendíamos solo online. Las valoraciones eran muy buenas, pero la facturación no era suficiente.
Nos faltaba el contacto de cerca con la gente para poder mostrar nuestro producto. Que la gente viera la buena pinta que tiene todo y sintiera ese olor a cookie recién horneada que despierta las ganas de un dulce.
Así que, con financiación bancaria, apoyo de amigos y mucha voluntad, encontramos un pequeño local en Chamberí y empezamos otra vez de nuevo.
Hoy en día, cuando alguien entra a la tienda y nos dice que huele increíble o vuelve porque le encantó lo que probó, es cuando sentimos que todo ha valido el esfuerzo.